¿Qué Significa Tener una Relación con Dios?

#152

¿Qué Significa Tener una Relación con Dios?

Hola Doctor Craig,

Soy estudiante de filosofía y ex-cristiano. Abandoné la fe cuando cursaba mis estudios de licenciatura al darme cuenta que había aceptado mi fe sin tener ninguna reflexión. Como muchos otros de mi misma edad, yo abandoné mi cosmovisión y me embarqué en una búsqueda de respuestas. Esa búsqueda tomó rápidamente un carácter intelectual que luego me llevó a los gozos de la filosofía (la cual estoy contento de decir que he escogido como carrera). Ya habiendo probado el sabor de la buena filosofía y la buena apologética, mis dudas acerca del cristianismo han sido satisfechas de manera intelectual.

Pero a pesar de admitir que Dios existe y que Cristo fue resucitado, no tengo absolutamente ninguna idea de lo que significa tener una relación con Dios, el concepto me es completamente misterioso. ¿Qué significa confiar en Dios? ¿Y para qué? ¿Por qué hablar con Dios? ¿Qué le diría uno? ¿Qué escucharía uno? ¿Qué se espera de mí y que debería yo esperar de Dios? ¿Hay una experiencia diferente a esas conversaciones o debería uno orar a pesar de tener el sentimiento de que no hay nadie escuchando?

Sin embargo, lo que es peor es el sentimiento de que no estoy motivado por amor sino por expectativa. Es decir, yo crecí en la Iglesia y se me insistió que una relación simplemente llegaba por el territorio de creer. Como decir que "ahora creo y por eso se me requiere que comience una relación," de otra manera no me siento guiado a cultivar una relación con Dios.

Lo que la Biblia dice acerca de ese tema parece misterioso o depende pesadamente de la analogía de una relación humana (por ejemplo, de seguro que la analogía de Padre-hijo sólo llega hasta el punto del reconditez y del permitir el sufrimiento de parte Dios). En cuanto a la muerte de Cristo, debo admitir que tengo dificultad de sentirme agradecido por Su sacrificio ya que muchas partes del relato de la justificación están en tensión con mis intuiciones acerca de la justicia (por ejemplo, la expiación sustitutiva).

Entiendo que esas no son preguntas muy bien formuladas, pero eso simplemente indica mi confusión sobre el tema. Cualquier respuesta suya será muy apreciada.

Gracias,

Mark

Postdata. El libro "Philosophical Foundations for a Christian Worldview" (Fundamentos Filosóficos para una Cosmovisión Cristiana) me inspiró a la filosofía. De manera que además le agradezco por eso.

Mark, fue muy alentador recibir tu carta y saber de tu regreso a la creencia cristiana. Espero que estés bebiendo de la profundidad del pozo de Alvin Plantinga, en especial del libro "Warranted Christian Belief" (Creencia Cristiana Garantizada) el cual tiene una buena cantidad de material relevante para tu pregunta, en particular su discusión sobre los afectos religiosos.

Mientras leía tu pregunta, no pude evitar preguntarme si tú no te podrías encontrar en la situación de alguien que haya regresado intelectualmente a la creencia en una cosmovisión cristiana, pero que todavía no haya venido a una relación salvadora con Dios. Me perdonas si estoy equivocado, pero como desconozco tu historia, sólo puedo imaginarme lo que parece andar mal.

Una de mis preocupaciones acerca de un ministerio como el mío que se enfoca en la verdad de la cosmovisión cristiana y de los argumentos a favor de la misma es de que las personas no puedan darse cuenta que la fe cristiana no se trata simplemente de tener un cambio mental y llegar a aceptar una cosmovisión nueva, sino que se trata de entrar en una nueva relación y convertirse en una nueva persona. Eso se pierde fácil cuando estamos tan enfocados en defender la verdad de la proposición.

La fe cristiana se trata de entrar en una relación salvadora con Dios. Obviamente, en ciertas maneras estamos relacionados con Dios como criaturas con su Creador, pero la fe cristiana enfatiza que a nivel personal no nos encontramos naturalmente relacionados con Dios de una manera apropiada. Al contrario, nos encontramos aislados de Dios debido a nuestro pecado (el mal moral) que impregna nuestras vidas. No cumplimos con nuestros deberes morales hacia Dios, hacia los demás y hacia nosotros mismos: hemos hecho lo que no deberíamos haber hecho y no hemos hecho lo que deberíamos hacer. Como resultado, nos encontramos moralmente culpables ante un Dios santo y bajo Su juicio justo. De modo que nuestra relación personal con Dios se ha roto. Como un Padre y un hijo que se han alejado el uno del otro a causa de la rebelión del hijo, así nosotros nos encontramos alejados de Dios. Dios no nos creó para que estemos en una relación de condenación sino en una relación donde la aceptación es bienvenida. Tampoco nos creó para que estemos en una relación de indiferencia o hostilidad, sino para que estemos en una relación de amor y adoración. Por lo tanto, yo creo que tú puedes ver que tan arruinada y torcida está nuestra relación con Dios. En lugar de amistad, existe un alejamiento y enemistad. Eso es lo que significa una falta de una relación personal con Dios.

Por lo tanto, Dios se ha propuesto restaurar nuestra relación personal con Él para la cual nos creó. Ya que estamos, como dice la Biblia, espiritualmente muertos en nuestra condición pecaminosa, es decir a falta de una relación apropiada con Dios y sin poder hacer nada al respecto, Dios debe avivarnos espiritualmente para restaurarnos a una relación correcta con Él. A eso la Biblia llama "regeneración" (en la piedad popular, se le llama "haber nacido de nuevo," que es justamente lo que significa "regenerar"). Eso sucede por la acción del Espíritu Santo en respuesta a cuando una persona pone su fe en Cristo para salvación.

Ahora bien, "fe" es una palabra multivalente, como enfatizó el reformador Martín Lutero. En el nivel más básico, la fe involucra lo que Lutero llamó notitia, que es simplemente la cognición o entendimiento de una proposición. Luego viene lo que él llamó assensus, que es lo que consiente la proposición en cuestionamiento. Al final, está la fiducia, que es la confianza en la persona o cosa relevante. Esos tres niveles están involucrados en la fe salvadora. En primer lugar, hay un entendimiento de las grandes verdades del Evangelio como que Dios existe, que soy moralmente culpable ante Dios, que Dios envió Su Hijo Jesucristo a morir en mi lugar con el fin de reconciliarme con Él, que el perdón y la limpieza moral están disponibles por medio de Cristo, etcétera. Luego, no debería meramente entender sino creer esas verdades. Por último, debo poner mi confianza en Cristo como mi Salvador y Señor personal para ser salvo del pecado y de la separación de Dios.

¿Qué significa confiar en Dios y para qué? Significa que pones tu vida, tu bienestar, completamente en Sus manos, dependiendo de Él y solamente de Él para salvarte. Eso es hacer un compromiso incondicional de seguir a Cristo como su discípulo, de permitirle moldearte para convertirte en el tipo de persona que él quiere que seas. Significa decirle a Dios, "que no se haga mi voluntad sino la tuya. Ya no soy mi propio hombre, soy Tuyo, para ser y hacer lo que Tú quieras."

Cuando le haces ese compromiso a Cristo, el Espíritu Santo te regenera espiritualmente y te restaura para que puedas tener una relación apropiada con Dios, para la cual fuiste creado. No sólo eso, sino que de una manera misteriosa, te conviertes en morada del Espíritu Santo de Dios y mientras nos sometemos diariamente a Él, Él transforma nuestro carácter para hacernos más como Jesús y dirigir nuestros caminos de acuerdo al plan providencial de Dios.

De la manera que experimentalmente se despliega esa nueva relación varía de persona a persona y con el tiempo. A veces uno puede sentir la presencia de Dios de una manera muy real, otra veces uno difícilmente está consciente de ella, pero anda por fe y no por vista. Por los menos, tú deberías experimentar una seguridad de la salvación, un sentimiento de estar correctamente relacionado con Dios como Su hijo, perdonado y restaurado. Mientras caminas en el poder del Espíritu, deberías experimentar gozo, paz, amor y el resto del fruto del Espíritu en la vida de una persona regenerada que se ha rendido a Cristo.

"¿Por qué hablarle a Dios?" ¡Porque le amas! (¡Eso es como preguntar que por qué le hablas a tu esposa!) Por supuesto, no necesitamos hablar en voz alta ya que Él lee tu mente. Y por supuesto, no necesitas proveerle ninguna información ya que Él lo sabe todo. Pero deberías comunicarte con tu Padre Celestial. "¿Qué uno le diría?" Dile que lo amas, dile cuan agradecido estás con Él por salvarte. Ofrécele alabanzas por lo que Él ha hecho y está haciendo en tu vida. Pídele que te guíe, que te de fortaleza y que te ayude a resistir la tentación.

"¿Debería uno orar a pesar de tener el sentimiento de que no hay nadie escuchando?" Tú deberías orar o hablarle a Dios, aunque sientas o no Su presencia. Es parte de tu vida de fe. "¿Qué escucharía uno?" Algunas personas afirman haber escuchado a Dios casi de forma audible, pero la mayoría de las veces, Él nos "habla" por medio de los escritos inspirados que están recopilados en la Biblia. Cuando leas la Biblia de manera reflexiva, a veces encontrarás que un pasaje te golpea fuertemente en una forma nueva, talvez convenciéndote, animándote, inspirándote, o dirigiéndote. Debemos esperar que Dios nos hable de esa manera, a través de Su Palabra.

"¿Qué se espera de mí y qué debería yo esperar de Dios?" La respuesta a la primera parte de tu pregunta es: ¡Todo! Puede ver la parábola de los siervos inútiles (Lucas 17:7-10). Jesús dice "Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: "Somos inútiles siervos; pues lo que debíamos hacer, hicimos." Debemos darle a Dios su derecho legal, es decir, todo lo que tenemos y somos. Se espera que seamos como un asunto en curso totalmente dedicados a Dios y llenos del Espíritu Santo.

La respuesta a la segunda parte de tu pregunta es que Dios impartió sobre nosotros, de manera posicional, como estamos en Cristo, perdón de pecados, vida eterna, adopción como hijos y la disponibilidad de ayuda y poder inagotable para la vida cristiana. Además, nos da, como experiencia, mientras nos llenamos del Espíritu, el fruto del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Cuando nuestra relación con Dios es saludable, el producto de nuestras vidas será justicia, y el resultado de la justicia es felicidad. La felicidad es un derivado de la santidad, de manera que la justicia de Dios se realiza en nosotros.

Mark, si tú no te sientes guiado a cultivar una relación con Dios, podría ser porque todavía no eres un cristiano regenerado. Podría ser que lo más lejos que llegaste en la fe fue al nivel assensus, pero aún no has alcanzado fiducia. Todavía no te has enamorado de Dios y por eso tu corazón está frío hacia Él. Jesús dijo que a quien mucho se le perdona, mucho ama. Te animo a que medites en tu propia pecaminosidad y en cuanto te ha perdonado Dios (o te perdonará) y lo que le costó a Cristo ganar tu salvación-¡él estuvo dispuesto a morir por ti! Apreciar eso no requiere que tengas alguna teoría de la expiación en mente. Cualquier teoría de la expiación que aceptes, de hecho admite que Jesús fue a la cruz por ti y por tu redención, un sacrificio que hasta humanamente es difícil de comprender.

Si todavía no eres un cristiano regenerado, entonces te animo a que vayas a Dios a solas y ofrécele una oración de compromiso como la siguiente:

Dios, realmente te necesito. Reconozco que soy pecador y despreciable y estoy en necesidad del perdón. Creo que Jesús murió en la cruz para salvarme de mis pecados. Y ahora mismo, de la mejor manera que sé, abro la puerta de mi vida y te invito a que entres y seas mi Señor y Salvador. Perdona mis pecados, toma el control de mi vida, y conviérteme en el tipo de persona que quieres que sea. Me entrego a ti.

Luego como un recién nacido espiritual, comienzas a recibir la nutrición que viene por medio de la palabra de Dios, la adoración corporal significativa, la oración, confesión y restitución, el compartir tu fe con los demás, y otras disciplinas espirituales.

No es suficiente con sólo creer las verdades de la cosmovisión cristiana. Nuestra relación con Dios necesita ser restaurada y sanada. Eso vendrá solamente por medio de la obra regeneradora del Espíritu Santo en respuesta a la confianza y el compromiso.

William Lane Craig